Valores que vertebran este grupo científico.

Magnanimidad

Es común hacer referencia entre los valores la “honradez” y el “rigor” científico pero eso se nos queda corto para investigar sobre Educación Abierta. 

Se requiere ir más allá, como explica Aristóteles: “Quien es grande de espíritu hace el bien, reparte lo propio, devuelve más de lo que recibe, manifiesta siempre la verdad, no se queja, se preocupa más de la verdad que de la opinión, estima en poco el poder y las riquezas, no se gloría del testimonio y de la alabanza de los demás…”

No sólo procuraremos proceder de forma correcta y honesta, sino que además trataremos de llegar hasta las últimas consecuencias; hacer bella la ciencia con entusiasmo, tenacidad y desprendimiento.

Sencillez

Es una de las cualidades más poderosas para liberarse de la conformidad con las estructuras de complejidad del mundo.. De esta forma se puede investigar y practicar Educación Abierta.

La sencillez conduce a la unidad de la diversidad, la complejidad lleva a la división o la uniformidad.

Interdisciplinariedad 

Exigencia indispensable para la apertura. Los retos reales de la educación requieren soluciones que abarcan siempre diversos aspectos científicos y no pueden quedar atrapados por la red de una ciencia cerrada.

Apertura intelectual

Conlleva aceptar los límites del propio conocimiento, sin pretender hacer ver que se  sabe más de lo que realmente se sabe.  Cuestionar con valentía las limitaciones del propio punto de vista y admitir con humildad las inconsistencias de pensamiento.

Ser valientes para afrontar con justicia (sin aceptar pasivamente lo primero que hemos aprendido) ideas, creencias o visiones hacia las que no nos sentimos atraídos y a las que no hemos prestado atención.

Estar abiertos a la posibilidad de que haya ideas que, consideradas peligrosas o absurdas en un principio, pudieran mostrarse como ciertas. Y del mismo modo, considerar la posibilidad de que pueda existir falsedad o distorsión en algunas ideas muy afianzadas en nuestro grupo social.

Saber ponerse en el lugar del otro para entenderle.  Comprender los puntos de vista y el razonamiento de los demás. Saber razonar desde esta comprensión.

Se favorece la autonomía intelectual de cada investigador para enriquecer al grupo en lugar de tender a la conformidad con el parecer general por ser mayoritario. Así, se fomenta un elegante cuestionamiento de las diversas aportaciones y la conformación auténtica de un pensamiento maduro y abierto. 

A su vez, esta apertura intelectual exige adhesión a los principios racionales a pesar de la posible oposición irracional de otros o la presión de la mayoría, para lograr un entendimiento o una comprensión más profunda.

Se fomenta que las personas lleguen a sus conclusiones con el ejercicio de la razón. Sin dejarse arrastrar por visiones emocionales u otros intereses al margen de la ciencia. 

 

 

 

 

 

  


 

 

Investigadores