El habitacionismo: una apertura en la mentalidad educativa contemporánea

ARTÍCULO ORIGINAL

La Educación Abierta es consecuencia de la mentalidad educativa habitacionista y abre puertas para habitar la realidad en toda la infinitud, y a su vez, permitir que lo sublime habite dentro de nosotros.

Tomando como criterio la relación sujeto-objeto dentro de los componentes que la configuran, se distinguen cuatro mentalidades educativas esenciales: la adquisicionista, la constructivista, la integracionista  y la habitacionista.

Como puntos esenciales se puede decir que:

  • Para la mentalidad educativa adquisicionista la intención será lograr que el educando adquiera la plenitud
  • Para la mentalidad educativa constructivista la intención será lograr que el educando construya la plenitud
  • Para la mentalidad educativa integracionista la intención será lograr que el educando se integre en la plenitud.
  • Para la mentalidad educativa habitacionista la intención será lograr que el educando habite en la plenitud y a su vez, se disponga para que la plenitud habite en el educando.

Desde una mentalidad adquisicionista o constructivista la plenitud es “ser para mí” y en la medida que asimilo por vía de desarrollo o de construcción, tenderé hacia la plenitud. Desde estas mentalidades, no hay plenitud para mi que no sea en mi, ya sea “nutriéndome” de lo que no soy yo o construyéndolo en mi. Incluso, en el hipotético caso de que un sujeto decida darlo todo para ser pleno, precisamente, se vacía para adquirir la plenitud para sí o como forma de construirla en sí. Quizás sus bienes sean para otros pero a cambio el adquiere o construye un bien mayor para sí, que le plenifica según las expectativas de la mentalidad correspondiente.

Desde una mentalidad integracionista la plenitud es también “ser para mí” pero no por vía de asimilación, sino por vía de disolución del yo en el todo, una identificación a la que se denomina de diversas formas: “conciencia universal” o sencillamente “amor” (Gallegos, 1999).

Desde el habitacionismo la plenitud no es “ser para mí”, sino “ser para el otro”: apertura al Otro para ser más, yo mismo. Desde la mentalidad habitativa esto es el amor. Para el integracionismo, amor es armonía de la unidad de un todo en el que no hay partes. Para el habitacionismo, amor es el encuentro de un yo y un tú para formar un nosotros.

La plenitud para el habitacionismo no es un “llenarse de” adquisiciones ni construcciones, tampoco es un “abismarse en” el todo, sino un “desplegarse hacia” el Otro y así se encuentra la plenitud en mi y a la vez, más allá de mi. La mentalidad integracionista seguirá la vía del control total para alcanzar la plenitud total, y la habitacionista seguirá la vía de la entrega total para habitar en la plenitud infinita.

En cierto modo, se podría decir que el adquisicionismo y el constructivismo tienden a la plenitud por vía de asimilación, mientras que el integracionismo y el habitacionismo lo hacen por vía de apertura. Y así como se aprecia la diferencia entre la forma de asimilar del adquisicionismo y el constructivismo (el uno copiando la realidad, el otro construyendo a partir de la apariencia de la realidad), también hay que diferenciar la forma de apertura: la del integracionismo por concentración y la del habitacionismo por despliegue.

La intencionalidad de la educación habitacionista será por tanto, enseñar a "desplegarse hacia" para plenificarse a sí mismo abriéndose hacia más allá de sí mismo, que sería un “crecer hacia fuera de sí en sí”. Hacerse pleno contribuyendo a la plenitud del tú y participando de la plenitud infinita. Viktor Frankl, desde una aparente mentalidad habitativa, considera que el ser humano es un ser que se dirige necesariamente a algo o a alguien distinto de sí mismo (Frankl, 2000). Esta tendencia humana de despliegue es la razón de ser de la mentalidad habitativa. 

“Crecer en sí sin salir fuera de sí”, no sería "desplegarse hacia" sino un salir para "llenarse de". Sería una educación orientada a la plenificación por asimilación del objeto por vía de objetivización o subjetivización, más propio de el adquisicionismo y el constructivismo respectivamente.

“Crecer fuera de sí para sistematizarme en el todo”, sería lo propio del integracionismo que tampoco es un "desplegarse hacia", sino un “diluirse en el todo". Desde la óptica habitacionista, no sería apertura sino una forma de encerrarse en “el todo”.

Con lo dicho, no se puede concluir que el habitacionismo sea una mentalidad contraria a las demás mentalidades, sino que puede interpretarse más bien como una apertura del adquisicionismo, del constructivismo y del integracionismo. Para habitar hay que adquirir, construir e integrar, pero sin quedar encerrado en ninguna de estas visiones de mundo, sino adquirimos, construimos y nos integramos para habitar el Infinito.

No es un adquirir que consume lo adquirido, sino que lo cultiva y edifica con apertura a la realidad infinita. Así, tampoco es contrario al constructivismo, en la medida que habitar y construir están uno con respecto al otro, en relación de principio, fin y medio pero también como uno en el otro, pues el construir aprendizajes ya es en sí mismo “habitar la educación” y “habitar la vida” es ir construyendo el proyecto de vida (Heidegger, 1960). Ni tampoco es contrario a la integración en la medida que habitar el Infinito lleva consigo formar parte integrante en él pero sin agotarlo en una totalidad (Hegel, 1966).

Esta mentalidad, no consiste en alcanzar altas cumbres de pensamiento, sino ser capaces de habitar en el aquí y ahora con una vida abierta al Infinito (Levitas, 2002). La conciencia, según Lévinas (2002), todo lo integra, todo lo asimila, todo lo vuelve alimento y transmutación del otro en el mismo. Sin embargo, hay “algo” que se resiste a entrar en el sujeto, a ser devorado y asimilado; se trata del rostro del Otro, el cual viene de una dimensión exterior a la totalidad, sin ningún contacto con ella, es un extranjero que además se resiste a entrar en la propia totalidad de mi egoísmo. “El otro” es metafísico porque está ligado a la idea del Infinito.

Los autores integrantes de lo que he venido a calificar de “humanismo abierto”: Sócrates, Séneca, Agustín de Hipona, Lévinas, Buber, Stein, Guardini, Ortega y Gasset, Zambrano, Frankl, MacIntyre, Arendt, Weil, Zubiri, López Quintás, etc, son los más representativos de la mentalidad educativa habitacionista. Sócrates y su paideia que abre a las personas a la verdad de forma mancomunada (Barrio, 2009). Séneca, quien propone la megalopshychia como formación abierta a lo sublime (Martínez, 2013). Agustín de Hipona con ideas como “No salgas de ti, vuelve a ti mismo, en el interior del hombre habita la verdad; y si encuentras mudable tu naturaleza, trasciéndete también a ti mismo” (Abbagnano y Visalberghi, 1992, p.98). Buber quien considera que para quien habita en el amor y contempla en el amor, los hombres se liberan de todo lo que los mezcla con la confusión universal (Buber, 2004). Edith Stein, quien explica la educación como el supremo arte en el cual el Espíritu Santo es el maestro y en el cual el ser humano es el humilde colaborador (De Rus, 2008). Así, de unos y otros voy encontrando nexos de unión que me ayudan a entretejer el ropaje argumentativo de la mentalidad.

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